El verano gastronómico de nuestras vidas

El verano gastronómico de nuestras vidas

El calor ha llegado sin previo aviso y con la fuerza de una invasión medieval en estas primeras semanas del verano. Con temperaturas ya de plena canícula, es el momento de empezar a planificar las actividades de ocio para los próximos tres meses. Podemos hablar de grandes viajes fuera de España, de descubrir nuevas culturas y continentes y pasar alejados de nuestro domicilio habitual varias semanas, pero también tenemos la opción de preparar un verano o al menos una parte de ese verano, de una manera diferente, apostando por escapadas de corta duración y turismo interior, descubriendo la gran riqueza cultural, histórica, patrimonial e incluso gastronómica de nuestro entorno.

Todo vale y todo cabe en nuestra mochila para construir a nuestra medida el mejor verano de nuestras vidas. Y en ese sentido, si decides apostar por un tipo de salidas más cercanas, posar los ojos en tu entorno inmediato y recorrer con pausa lugares por los que posiblemente hayas pasado en numerosas ocasiones sin detenerte nunca a observarlos ‘por dentro’, una muy buena opción es la Sierra de Guadarrama.

La Sierra de Guadarrama vive en una eterna dicotomía. Situada a apenas una hora de Madrid, la gran capital, sus laderas reciben cada fin de semana miles de visitantes para practicar deportes de montaña, pero muy pocos son los que se paran a conocer de verdad esa Sierra por dentro. Es una gran desconocida a pesar de albergar una gran población.

La Sierra de Guadarrama es rica en tradiciones populares que, en ocasiones, se remontan a siglos de antigüedad. Atesora un acervo cultural y gastronómico espectacular, muy vinculado a su histórico pasado segoviano y además, guarda celosamente tesoros naturales e históricos.

El verano gastronómico de nuestras vidas

En ese sentido, dentro de la Sierra de Guadarrama, una de sus joyas más conocidas es la localidad de San Lorenzo de El Escorial. Su Real Monasterio, es Patrimonio de la Humanidad, pero en torno a él, se articula un pueblo que remonta sus orígenes al siglo XVIII que es un gran desconocido. Y lo mismo pasa con su entorno natural, rico en  fauna como en flora y su gastronomía tradicional, muy vinculada a la cocina castellana de toda la vida.

Comer en San Lorenzo de El Escorial o comer en El Escorial, el municipio colindante y que también guarda joyas ocultas, es uno de los planes que deberíamos apuntar a nuestra agenda del verano.

Elegir un restaurante en San Lorenzo de El Escorial, igual que elegir un restaurante en El Escorial es tarea sencilla. Ambos municipios tienen una oferta espectacular pero una recomendación que no se debe obviar es el Asador del Rey, en la calle Floridablanca, una de las arterias con más historia en la localidad sanlorentina.

Menú de Verano de 2026

Comer en el Asador del Rey ya forma parte de nuestro viaje en busca de espacios poco conocidos y de un gran valor. Se ubica en el que fuera Cuartel de la Guardia Valona de Felipe IV. Se trata de un edifico con 400 años de historia al que se suma el aliciente que desde su terraza y ventanales principales del salón se pueden contemplar las cúpulas del Real Monasterio.

Desde sus mesas, estas semanas podemos degustar un Menú de Verano especialmente concebido para estas fechas, pero sin perder ni un ápice del sello de asador tradicional y manteniendo el protagonismo platos principales como el cochinillo o el lechal asados en horno de leña de encina o el entrecot o chuletón de vaca premum cocinados a la brasa de carbón.

En los entrantes encontramos platos frescos como la ensaladilla rusa al estilo del Rey, los espárragos gordos al salmón ahumado y salsa tártara o los más tradicionales de combinados de lomo ibérico de bellota y queso manchego artesano o croquetas de jamón. Todo ello regado con vino Protocolo de Castilla y acompañado de pan artesano. El remate, postres de Kilómetro Cero y artesanos.

Por tanto, una propuesta gastronómica que puede hacer las delicias para aquellos que buscan un verano diferente y cuya prioridad sea descubrir o revisitar zonas y espacios que tenemos en nuestra agenda y que las prisas del invierno no nos han dejado valorar adecuadamente.